Solo quiero tocar un par de aspectos sin entrar en demasiados detalles.

El trabajo es, ante todo, una actividad del ser humano por la que este transforma la materia para obtener un producto o servicio que satisfaga necesidades. El trabajador es el sujeto de esta acción, mientras que la materia trabajada es el objeto. La transformación de la materia puede ser inmediata, como cuando un obrero manual fabrica un producto, o mediata, como cuando, por ejemplo, un ingeniero diseña una pieza o el proceso para fabricarla (y aquí vemos que otra dimensión fundamental del trabajo es que es una actividad social). Y la materia transformada, el objeto sobre el que recae la acción del trabajo, hay que entenderla de la forma más general: no simplemente como el trozo de hierro que trabaja un tornero, por ejemplo, sino también una representación teatral o cualquier otra obra intelectual. Así, en una representación teatral, el objeto material a elaborar y consumir es efímero: la propia representación teatral, las reacciones psíquicas que producirá en el espectador, y no los propios actores, que tendrán mayor o menor capacidad para elaborar dicho bien -como ocurre con cualquier cosa que hagan los humanos. EL actor sigue siendo sujeto de la acción, y no objeto.

En la prostitución, la cosa es completamente diferente. La prostituta no realiza ninguna labor de transformación material, sino que es ella misma el objeto de consumo. No es como un servicio, como un corte de pelo por ejemplo, en que el sujeto de la acción es el trabajador peluquero, sino que aquí el sujeto de la acción es el putero. El que esto es así lo demuestra , por ejemplo, el que el putero selecciona el objeto de consumo a su gusto, elige el ser humano al que consumir; nadie se pone a mirar fotos de peluqueros o a elegir entre los peluqueros que se puedan exhibir en una calle para elegir quién le cortará el pelo, sino que lo que elige es el corte de pelo y su calidad. Aquí, se selecciona a un ser humano para utilizarlo como objeto de consumo.

En resumen: en el trabajo, el trabajador es sujeto de la acción, y se le requiere para ejercer esa acción sobre un objeto. En la prostitución, la prostituta no es sujeto, sino que el sujeto es el putero, y la prostituta el objeto a consumir, como trozo de carne vivo. Concretemos aún más, por si no ha quedado suficientemente claro:

a) En el trabajo: el sujeto es el trabajador y el objeto es algún tipo de materia externa al trabajador.

b) En la prostitución: el sujeto es el putero y el objeto de la acción es la prostituta.

En consecuencia, no puede considerarse la prostitución como trabajo ni a la prostituta como trabajadora.

Una relación en la que una persona utiliza a otra como objeto de consumo es una relación de esclavitud. Ese consumo puede consistir en obligar a realizar trabajo, como en los esclavos de los latifundios romanos, pero no necesariamente. Es un concepto más general: un esclavo es ganado humano, y cual ganado se lo puede usar no solo para trabajar, sino también para comérselo, para comerciar con él, o para lo que sea.

Por tanto, tenemos dos primeras características de la prostitución: no es trabajo, y es esclavitud (tampoco es trabajo esclavo, obviamente: es consumo de un ser humano, utilización como si fuera un objeto). Y todo ello, con independencia de las formas históricas o concretas que adopte, y además se trata de características completamente objetivas, es decir, que no dependen para nada de la voluntad, libre o no, sus creencias, etc., de los participantes.

Los defensores del capitalismo adoptan la ideología positivista (pues al positivismo hay que entenderlo más como ideología que como filosofía y de hecho como filosofía, como ciencia que estudia esa actividad social que es el pensamiento en todas sus formas, tiene muy poco valor). Según el mismo, solo se fija en las apariencias externas y no estudia las relaciones internas de los objetos (motivo por el que hace cien años los positivistas negaban que el concepto de átomo fuera científico, pues el átomo no se podía observar directamente). Por ello, para ellos, toda relación entre personas que revista la forma mercancía, es decir; que una pague a cambio de que esa otra realice uno u otro “servicio” es ya trabajo. Para empezar a darnos cuenta del error de este planteamiento, vemos que según este concepto, la mayor parte del trabajo realizado por la humanidad en épocas anteriores al capitalismo, no es trabajo. Si un concepto contradice los fenómenos, el concepto es erróneo. En este error se basa el que los defensores del capitalismo digan que la prostitución es trabajo, así como otros errores comunes relacionados con este y por la misma razón, como el pretender que todos los trabajadores asalariados son “clase trabajadora”; etc.

Además, puesto que la prostitución es un caso particular de esclavitud, y lo es en sentido estricto, no figurado, debe quedar claro que la prostituta es víctima y no puede ser perseguida legalmente. Todo lo contrario ocurre con el prostituidor, tanto el proxeneta como el cliente, que deberían ser perseguidos por la ley.

Ocupémonos ahora de otro aspecto. A menudo se dice que la prostitución ha de ser permitida puesto que cada uno hace lo que quiere con su cuerpo. Para empezar, démonos cuenta de que el acto de prostitución supone que la prostituta entrega su cuerpo como objeto de consumo a otro y por tanto implica el despojamiento de ese derecho a ser dueño cada uno de su cuerpo. Es decir, es exactamente lo contrario de lo que pretenden los defensores de la prostitución. Precisamente porque el derecho de cada cual a ser dueño de su propio cuerpo (es decir: de su persona, pues no vamos a resucitar a estas alturas el platonismo y su división en alma y cuerpo), es por lo que hay que combatir la prostitución. Esto está en consonancia con lo que se demostraba sencillamente más arriba: que la prostitución es una forma de esclavitud.

Además, cabe añadir que la prostitución no es algo que ocurre en el ámbito privado de la persona, en el que cada cual hace de su capa un sayo, sino que ocurre en el ámbito público y social: los actos de prostitución ocurren entre desconocidos, no son actos privados (¿recordamos la expresión tradicional de “mujer pública” para referirse a la prostituta?). Esto implica, por tanto, que la sociedad tiene perfecto derecho a prohibirlos si así lo considera oportuno, pues pertenecen a su ámbito. Hay otras consideraciones en relación con el carácter social de la prostitución, como lo que implican para toda la sociedad, en primer lugar para el conjunto de todas las mujeres, puesto que supone el asentamiento de una ideología en la que, en primer lugar la mujer, y también cualquier ser humano, pueden reducirse a objeto de consumo, de usar y tirar. No obstante, quería ser breve y ocuparme sólo de los dos aspectos aquí citados: que la prostitución no es trabajo sino esclavitud, y que es un atentado contra la libertad de cada cual a ser dueño de su cuerpo y persona y no pertenece al ámbito privado de la persona sino al social y público.

Quisiera referirme, además, que mientras exista capitalismo, será imposible librarse de la prostitución, puesto que el capitalismo por su propia naturaleza trata de reducirlo todo a mercancías, y en la misma línea trata de disolver toas las relaciones sociales para dejar aislado al individuo atómico, destruyéndolo por tanto como individuo, y reconstruye esas relaciones vía comercial a través de la compra de los productos y servicios de las empresas, del capital. Lo que además supone que los derechos tienden a reducirse al poder de compra de cada cual: solo los ricos tendrán derechos, que por tanto ya no son derechos. Por tanto, podemos decir que, por su propia naturaleza, el capitalismo tiende a producir la prostitución, así como la aniquilación de todo derecho y la destrucción del individuo. Si la solución a la lacra de la prostitución pasa por la destrucción y superación del capitalismo, no menos cierto es que eso no justifica que seamos tolerantes con ella mientras dure el capitalismo, y de hecho la lucha contra esta lacra se convierte por ello en lucha contra el capitalismo. Esto lo ha entendido siempre así el movimiento obrero y muy en particular el marxismo.

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