Junto a los llamados a la clase obrera tratando de desenmascarar las expresiones políticas de la pequeña burguesía, como Podemos, vemos infantiles críticas a la pequeña burguesía y sus actitudes clasistas (como con el tema de los “preparaos”) que, sin embargo, no son lo mismo que las primeras, sino que apuntan a algo retrógrado.

Criticamos a la pequeña burguesía en especial a los sectores asalariados y profesionales, como si la clase obrera estuviera demostrando una posición más lúcida, cuando no es así. De hecho, hace ya décadas que las aspiraciones de la clase obrera, en nuestro país, no van más allá de convertirse en pequeña burguesía, en “clases medias”, centrando sus esperanzas para conseguirlo en un “capitalismo bueno de rostro humano”. La socialdemocracia, tal y como fue reconstruida desde Suresnes, ha sido su expresión política hasta el día de hoy, en que parece que parte de ese apoyo se va a Podemos. Hemos de darnos cuenta de que eso responde a exigencias de la propia clase obrera, que rechazaba cualquier alternativa al “capitalismo bueno” y su socialdemocracia, el “sindicalismo de servicios” a la alemana, y por supuesto no es que simplemente rechazara propuestas que le vinieran de fuera, sino que ella misma no mostró el más mínimo signo de sentirse insatisfecha con los “traidores” ni lanzó la más mínima iniciativa por sí misma, aparte de, como decía, rechazar cualquier alternativa a los “traidores”. Así pues, esos traidores, aparte de que lo fueran, también fueron expresión política de la clase obrera, que volvió la espalda a su pasado a la vez que, llorona, se atribuía los méritos de sus antecesores, a los que de hecho, y más más adelante, repudiaba.

En ese marco, incluso las movilizaciones laborales más poderosas se han enmarcado dentro del burgués “qué hay de lo mio” y, al faltarles la perspectiva política revolucionaria, no han llegado a ser verdadera lucha de clases. De ahí el enorme retroceso en condiciones laborales y de vida, pues en las últimas décadas, solo uno de los bandos, el capitalista, “arreaba zurriagazos” en la lucha de clases. Esto cuadra con otros hechos que vemos, como el papel de los sindicatos, etc., etc.

Esas burlas a la pequeña burguesía vemos, por otro lado, que defienden los prejuicios más retrógrados que puedan existir en sectores de la clase obrera, como la xenofobia con el tema de la inmigración, el machismo y el rechazo al feminismo, el negacionismo de los problemas medioambientales, el repugnante y peligroso anti-intelectualismo… Nos proponen estos burlones que el modelo que la clase obrera ha de seguir es Homer Simpson, cuando no Cletus… Que los “cuñaos” de la aristocracia obrera y sus prejuicios son la esencia de toda la clase y su línea política…

Por supuesto, si la clase obrera va a representar las posiciones más retrógradas, si no va a encarnar la solución de los problemas sociales sino el enrocamiento de las posiciones más carcas, cabría preguntarse si tiene el más mínimo sentido el pensar que la clase obrera pueda llegar a ser el sujeto revolucionario. Porque si fuera verdad lo que estos desechos del reformismo pretenden de que la clase obrera defiende esos valores que ellos nos dicen, si para movilizar a la clase obrera hay que enarbolar las banderas del nacionalismo y la xenofobia, del antifeminismo, del pasarse por el forro los problemas medioambientales para que las empresas ganen mucho dinero a costa de matarnos a todos, que los pueblos han de centrar sus esperanzas en tal o cual potencia capitalista para que así “Europa sea grande otra vez”… entonces de lo que sería sujeto la clase obrera sería de la más negra reacción. Y ojo, que estos desechos del reformismo son los que, antes, con su IU, nos vinieron con toda esa mierda que relegaba a la clase obrera en vez de centrar la acción política en la contradicción capital-trabajo y ver cómo los demás problemas sociales se articulaban en torno a esta contradicción. Estos eran los de la izquierda rojo-verde-morado y no sé cuántos colores más, ante la derrota del comunismo en los 90, por puro oportunismo, igual que por oportunismo antes enarbolaron las banderas comunistas pese a haberlo repudiado. Y no olvidemos una cosa: que si nos vamos a los resultados electorales de aquella época, esta gente no tenía el apoyo de la clase obrera, sino de esos sectores asalariados y profesionales de la pequeña burguesía, mientras que la clase obrera votaba al PSOE (mayoritariamente, porque en realidad el voto obrero se halla bastante disperso entre las distintas opciones electorales burguesas, como cabe esperar en una situación como la actual).

El problema de esta gente es que creía que había llegado su momento histórico, pero, por razones sociológicas -que tiene que ver con cómo el régimen construyó su base social- se mostraban, pese al aumento de voto en las encuestas, incapaces de recoger el descontento social popular dentro de los cauces del sistema, y era en hacer ese papel en lo que consistía ese su añorado triunfo, recibiendo buenos asientos electorales a cambio. Y ahora están enrabietados porque el capital, movilizando directamente a la pequeña burguesía, ha quitado el protagonismo social a la decadente aristocracia obrera por un lado (los Homer), y por otro políticamente al reformismo clásico para dárselo al populismo. Pero su propuesta sigue siendo la misma de siempre: seguir los prejuicios burgueses de la clase obrera, alimentarlos, hincharlos, adular al pequeño burgués que todos tenemos dentro, poniendo así una zancadilla para que se pueda alzar la conciencia de clase y la independencia política de la clase obera.

Por supuesto, se equivocan. Lo que hay que hacer es examinar la estructura de clases de la sociedad y sus cambios, cómo ha evolucionado en las últimas décadas y cómo sigue evolucionando y cuáles son las tendencias de esa evolución, de qué forma las relaciones sociales capitalistas impulsan esa evolución y en qué sentido la obstaculizan y recíprocamente.  O dicho de otro modo: ver cómo se desarrollan las fuerzas productivas y cómo entran en conflicto con las relaciones sociales de producción, y qué clases y sectores sociales encarnan el futuro y cuáles lo obstaculizan.

Este último tema lo trataré otro día, he dado ya algunas pinceladas antes con, por ejemplo, con el tema de la automatización y cómo el capitalismo la produce, obviamente, pero a la vez no puede dejar que se desarrolle hasta sus últimas consecuencias precisamente a causa del propio capitalismo, las relaciones sociales capitalistas, pues destruiría a la sociedad dejando a todo el mundo en el paro. Pero es necesaria para liberarnos de todos esos trabajos que se hacen porque no queda más remedio, pero que desde luego no son lo que “enriquece la personalidad humana”, etc., aparte de que, por ser el trabajo algo enajenado, más bien parece a veces que te enfrenta en vez de unirte a la sociedad.

Pero el resumen es que sí: que la clase obrera sigue encarnando las tendencias del futuro, que la tendencia, distorsionada y zancadilleada por las relaciones capitalistas, es a que a ella coalescerán las otras clases trabajadoras a la vez que, ya en la sociedad futura, anulado el valor y realizada la identidad entre trabajo útil y trabajo productivo (concepto que en realidad dejará de existir) la forma de la sociedad reconocerá económicamente la utilidad de todos esos trabajos que hoy realiza la pequeña burguesía asalariada y no que, como hoy, por la organización capitalista de la sociedad, haya que dedicar parte del valor producido por unos trabajos para financiar a otros, estando todo muy enrevesado y teniendo que ver de forma indirecta la utilidad de tal y cual quehacer, que casi parece, por ejemplo, que hay que pedir permiso para hacer ciencia, pese a que es evidente en la historia reciente su contribución a la productividad del trabajo, por ejemplo. Este proceso es la base de esa coalescencia y por tanto la desaparición de las clases una vez anulada la oposición capital-trabajo es decir: en la nueva sociedad. Y todo esto nos dice que no podemos, como pretenden los desechos del reformismo, considerar que esos sectores de la pequeña burguesía asalariada son el enemigo. La construcción del bloque popular articulado en torno a la clase obrera, tanto para acabar con el capitalismo como para construir la nueva sociedad, pasa por la alianza con estos sectores.

Esos sectores del reformismo enrabietado que defienden a Homer, o a Cletus, como paradigma de la clase obrera frente al modelo tradicional del obrero que miraba con admiración y entusiasmo la ciencia, aprendiendo en la medida de sus posibilidades, que repudiaba las guerras y las fronteras, que luchaba contra la discriminación de la mujer, y la discriminación en general, esos “cletusianos”, confunden los hechos. El “Estado del Bienestar” fue una etapa muy particular, muy excepcional, del capitalismo, que como una de sus consecuencias dio lugar a esas actitudes ideológicas de la clase obrera, y al predominio de la aristocracia obrera en lo social y del reformismo (me refiero en concreto a la socialdemocracia) en lo político. Eso, fue algo temporal, muy excepcional, que no eliminó las tendencias ni las fuerzas del capitalismo, y una vez pasada PARA NO VOLVER, el capitalismo a vuelto por sus acostumbrados fueros. Ellos encarnan los prejuicios en la clase obrera de una época excepcional y ya pasada, por mucho que la inercia retrase la desaparición de esos prejuicios. Pero dos y dos son cuatro aunque una se empeñe en que son veintisiete, por lo que la realidad objetiva acabará imponiéndose.

Hay que decir otra cosa, de la que hay que ocuparse: por mucho que el capitalismo se desmorone, no vamos a volver al siglo XIX, los cambios cualitativos operados en el capitalismo no son reversibles; el “capitalismo de masas”, en que la clase obrera se incorporó al consumo, en especial tras la segunda guerra mundial, va ligado al desarrollo de los monopolios capitalistas, ha modificado la organización social con la aparición de nuevos elementos a un nivel superior, y esto lo hace irreversible, y su desaparición sería equivalente a la desaparición del propio capitalismo y no a una vuelta al pasado previo. Las medidas de “bienestar” pueden desaparecer pero sólo hasta cierto grado, cambiando eso sí de forma y anulando políticamente todo derecho, un grado muy grande por otra parte; lo que quiero decir es que queda muy bien en la propaganda lo de volver al siglo XIX, pero no va a ocurrir: antes de ello, la propia sociedad se derrumbaría, los capitalistas destruirían por completo su demanda, y con ello la economía y la sociedad. En nuestros análisis, no nos podemos engañar con esto. Veamos que esto supone un límite a lo que el capital puede llegar a lograr para recuperar la tasa de ganancia por medio del “neoliberalismo”… y tampoco nos engañemos, que es obvio que el límite puede llegar a ser muy bajo, con la miseria más absoluta predominando en la sociedad, pero las formas no van a ser las de antes, el “capitalismo de masas”, aunque sea dándonos pienso (comida basura) etc., va a seguir. Eso no es incompatible con la miseria, como decía, pero hay que tener en cuenta sus consecuencias políticas e ideológicas, que parecen a priori enfocadas a enrocar el sueño en el “capitalismo bueno”.

Bueno, ya sigo otro día. Hay que analizar las cosas, las clases las nuevas formas, las tendencias de las fueras productivas… Hay que liberarse del reformismo que es una lacra para el estudio y el análisis libre y objetivo, además de todas sus otros obstáculos.

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