Veamos un vídeo, correspondiente al turno de preguntas de un evento de “Escépticos en el Pub”:

Otro día hablaré sobre el propio “movimiento escéptico” y su papel de reclutar a los científicos (que indudablemente se inscriben mayoritariamente, con plena libertad y de forma absolutamente natural, en el marco ideológico dominante bajo la forma actual del positivismo) para hacer pasar por científicos los prejuicios ideológicos predominantes y contribuir así a asentar el velo ideológico del panglossiano dogma, piedra fundamental para el mantenimiento del orden establecido, del “este es el mejor de los mundos posibles” castrando de este modo a la ciencia y haciendo imposible el pensamiento crítico (y obsérvese la paradoja de que hacen esto bajo la pretensión de estar haciendo justo lo contrario, de ahí la gran potencia castradora y desmovilizadora de este movimiento -para la crítica y el racionalismo: para la ciencia como fuerza ideológica autónoma anulando así la posibilidad de que lo sea y muy en particular para el científico al que de esta manera echan el grillo).

Hoy, por el momento, voy a algo mucho más concreto. Viendo el vídeo (es una lista de reproducción de cinco vídeos), hacia el final, veremos a un personaje, un científico (así se identifica, y por supuesto que no hay ningún motivo para ponerlo en duda, al contrario), que nos revela un hecho que todos conoceremos por experiencia: el “científico estándar”, ese “funcionario o burócrata de la ciencia”, en cuanto se pone a hablar de algo que se salga estrictamente de la temática más concreta en que trabaja, es un auténtico “cuñao”. Porque, eso sí, pretendiendo ampararse en el aura y prestigio de la ciencia (puro principio de autoridad) no deja de impartir la lección magistral, sentando cátedra al pontificar sobre temas de los que evidentemente no tiene ni puta idea.

Y esto me lleva a lo que me interesa: El que un científico sea un intelectual (genio o no, no nos equivoquemos porque al final solo se recuerde a los Einstein, a los genios) es algo puntual y no un producto, por así decir, del funcionar de la ciencia. Parece que surge al margen -si es que no a pesar- del sistema educativo y del subsistema social que es la ciencia. El ser intelectual, el tener capacidad de crítica, comprensión y creatividad teóricas y no puramente mecánicas y funcionales, etc., etc., etc., si bien por lógica exige el tener una formación (se haya adquirido como sea, y el amor al conocimiento siempre lleva a adquirirlo: hoy en día no es tan difícil, es más fácil que nunca aún siendo pobre), parece algo ajeno al asunto de las titulaciones, exámenes, calificaciones, cátedras, premios, etc. Es otro asunto, responde a otras causas, etc.

Por supuesto, no quiero decir que sea algo que se lleve en la sangre, genético, negando que sea un producto de la sociedad influyendo sobre el individuo y por tanto que tenga causas esencialmente sociales (como creo; y siendo materialista dialéctica, eso ha de ser en relación e interacción con los factores causales individuales, genéticos, etc…. no me voy a enredar ni con esto ni con nada en el reaccionario debate nurture vs. nature)… A esto quería llegar con este ejemplo del cuñao científico, tan familiar.

Otro día tengo que hablar brevemente de un tema muy extenso, relacionado con algo de lo anterior, complementario de aquello que decía respecto al movimiento escéptico -algo más amplio del cual este es sólo una parte: la ciencia y el materialismo dialéctico, cómo la ciencia abrumadoramente se decanta, sin tan siquiera dejar otra opción, por el materialismo dialéctico, pero a la vez trata de ocultar este hecho adoptando una nueva terminología, surgida tras la Segunda Guerra Mundial y sobre todo desde los 60; cómo los científicos e incluso los filósofos de la ciencia describen el mundo en términos del materialismo dialéctico a la vez que lo ocultan y, es más: anuncian a bombo y platillo (llevan décadas anunciándolo) el gran fracaso del materialismo dialéctico. Y los propios “marxistas” de hoy en día, enfrascados en la crónica política, encasillados en una cómoda casilla para el sistema (incluso aquellos que ideológicamete no desconocen ni renuncian al marxismo mientras fanfarronean de lo “mucho marxistas” que son), son incapaces de ver todo esto, ni siquiera tienen opinión, pese a ser uno de los hechos básicos de nuestro tiempo. En fin: esto, para otro día.

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