Y he aquí un mal trabajo científico:

NCYT: Los distintos tipos de aficionados a autofotografiarse

Para empezar, de las tres categorías que establece, dos: los autobiógrafos y los autopropagandistas, son, ya desde un principio, narcisistas, sin que los de la categoría “comunicadores” queden necesariamente excluidos. Como siempre, puede haber excepciones. Pero es por completo al revés de lo que plantea el autor, quien pretende que la excepción es que sean narcisistas: eso son conductas, en principio, narcisistas y las excepciones son aquellos casos en que no son conductas narcisistas como el ejemplo del astronauta que nos pone (¿o es que todos son astronautas u otras personas que realizan hazañas? Porque más bien eso son cuatro gatos absolutamente excepcionales y sin ninguna importancia numérica… el resto son mindundis haciendo tonterías cotidianas como cualquiera que, en su mente, pero solo en la suya, se creen dignos de admiración).

Analicemos cómo trata de justificar que estas categorías no son narcisistas: por un lado nos dice que es que pueden querer establecer una comunicación bidireccional. Bien, ¿y qué? La cuestión no es el aspecto formal, sino el objeto de la comunicación, que son ellos. Pone el ejemplo del voto…  y el ejemplo es esclarecedor: ¿no se dan cuenta los autores de que ponerse a una misma como argumento, como baremo, como razón de que -en el ejemplo- hay que votar ES narcisismo? Están imitando la conducta propagandista en que grandes personajes salen en los anuncios para que, por ser ellos, por ser “ejemplares”, se tome a tal o cual individuo en concreto como argumento de que hay que hacer tal o cual cosa (por supuesto, por supuesto: el narcisismo en nuestra sociedad es aprendido y potenciado socialmente, pero no me cambien de tema). Y no solo eso, sino que, además, y aunque ya sea un aspecto secundario, se están equiparando a esas “grandes figuras” que aparecen en la publicidad, a los supuestos héroes que, hoy en día, casi siempre solo son creaciones del marketing y los medios.

El argumento del astronauta ya es de traca, precisamente por lo mismo. En efecto, un astronauta es un héroe real, alguien que ha realizado una hazaña. Pero alguien que se va de vacaciones a Puta Cana, o a Benidorm, no. No digamos ya de alguien que se pone a retransmitir por Internet cómo entra en el portal de su casa, cómo conduce, lo que mola oyendo música… Y si se está equiparando al astronauta, es que tiene dosis flipantes de narcisismo y no, como pretende el autor del estudio, que no son narcisistas (y además son unos pesados insoportables que te hacen tragarte sus fotos y sus vídeos, tan insulsos  como aburridos.)

El estudio es una falacia, y por vía de su crítica, lo que viene a demostrar es precisamente lo contrario de lo que pretendía. En efecto, los de las selfies son, normal y generalmente, narcisistas. La debilidad y falsedad de los argumentos para negarlo tienen como resultado la reconfirmación de ello.

Y ya me permito -para tomarme estas libertades injustificadas es por lo que he abierto este blog personal- el sospechar si la meta del autor no será la de hacer creer que su afición a inundar al prójimo con sus autorretratos continuos no es narcisismo sino algo respetable y que incluso nos hace un favor. Es que, como lo del astronauta, está plenamente justificado pues es un verdadero héroe -un gran científico, podemos suponer) y como los del voto, nos están haciendo un favor por el bien público…  quizás, dándonos la oportunidad de que lo adoremos y aprendamos de su sabiduría… (Pero que conste que esta última afirmación está de más en la crítica aunque es cierto que tengo esa sospecha, la hago sólo por darme el gustazo, pero no es algo serio).

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