Por un lado, no me cabe la menor duda de la existencia real de los psicópatas.

Personalmente, mis padres sufren de trastorno narcisista de la personalidad, y mi hermano, el niño mimado, ha salido como ellos. Eso ha “estropeado” por completo mi personalidad y me ha hecho una persona incapacitada, por así decir, por varias razones: la tremenda falta de confianza en mí misma y el temor a afrontar responsabilidades, la desmotivación causada por no tener una propia vida sino haber tenido que hacer toda la vida lo que mis padres, considerándome como marioneta de su propiedad y no como persona autónoma, creían que tenía que hacer (ni siquiera pude estudiar lo que quería, etc). Eso, simple y llanamente, me ha destrozado la vida: no he tenido vida, y, con mi edad, ya camino de la vejez, no hay manera de recuperarla aunque pudiera cortar con ellos y sanarme, para empezar porque, simplemente, es muy tarde. Y ojo, que ellos presumen de buenos padres y,. como buenos narcisistas, no hacen más que criticar a todo el mundo porque todos los demás son muy malos padres, “no como ellos”. No puedo evitar el resentimiento y la ira.

A la vez, el miedo a ser como ellos y causar daño acentúa mi tendencia al retraimiento (tenía unos 18 años cuando descubrí que estaba aprendiendo, sobre todo de mi madre  -mi padre ha estado siempre como ausente, salvo para de vez en cuando echar broncas e imponer decisiones arbitrarias demostrando que no se podía recurrir a él- esos comportamientos tan nocivos e hirientes para los demás, y desde entonces, hace ya muchísimos años, llevo tratando de aprender por mi cuenta cómo ser una persona decente, lo que creo que es alcanzable y no muy dificultoso, pero no confío en darme cuenta de los defectos adquiridos).

Por supuesto, no es lo mismo esto que el trastorno antisocial de la personalidad y la psicopatía, pero se trata de trastornos muy próximos, formando una misma familia junto con el trastorno límite y, desde mi punto de vista, quizás se trate más bien de dos formas diferentes -el límite parece de una naturaleza diferente- de la psicopatía, unos mismos rasgos de personalidad que, al tener diferente peso en uno y otro caso, dan lugar a dos resultados, sistemas, cualitativamente diferentes pero muy próximas en “el árbol genealógico de los trastornos”, por así decir. Además, por un lado, veo cómo estaba aprendiendo a ser como ellos, y no es que la infancia fuera e paraíso, lo que recuerdo es la perplejidad y la incertidumbre y el sentimiento de que sólo me “querrían” mientras sacara buenas notas… hasta llegar a la adolescencia en que comenzó “la guerra” y me transformé en “oveja negra”. Décadas después lo sigo siendo, y en la medida en que no soy como ellos, aunque tampoco he logrado rescatarme -hubiera necesitado ayuda externa, y no la tuve porque no me daba cuenta hasta mucho después y desde fuera se tiene el falso prejuicio de la forzosa bondad paterna y es ser mal hijo no darlo por hecho- y llegar a tener una personalidad sana, lo que he logrado aunque sea no satisfactorio ha sido con un gran dolor y coste por mi parte, y puedo decir que, sí, que estas cosas, esta personalidad se aprende, sin que esto sea negar, para nada, factores genéticos. También veo que mis padres vienen de familias disfuncionales -sorprendentemente, no son capaces de reconocerlo, cuando los hechos son que están pegados los unos con los otros,abandonos en la infancia, a los 50 años descubro de repente que tengo tíos de los que no sabía nada, etc., etc., etc…

Además, y lo que quizás sea más importante para lo que estoy tratando aquí, todo esto me ha hecho víctima propiciatoria de los psicópatas con los que me he ido topando, es que los atraigo, ven en  mí una víctima fácil. En dos casos, ha tenido efectos devastadores. Con lo cual, si tenía una oportunidad de sanarme, me terminé de hundir.

Así pues, como decía, no tengo ni la más mínima duda de la existencia de este fenómeno, de la existencia de los psicópatas.

Todo lo anterior era por un lado. Pero, por otro lado, conforme más leo acerca de ello, más me crecen las sospechas de que quizás, este sea un pseudo-concepto, basado en algo real, pero no muy riguroso científicamente, y que sea más bien fruto de la ideología y de ciertas necesidades sociales de buscar monigotes de paja a los que culpar y apalear, así como para lograr una cierta catarsis, y, sobre todo, para evitar señalar a las verdaderas causas de los propios problemas empezando por el auge de la misma psicopatía por el procedimiento de señalar a “las brujas”, etc. Por un lado hay una realidad, pero por otro, no se la está investigando y conociendo realmente, sino que se está utilizando para generar conceptos ideológicos que cumplen una u otra función social, se está empotrando un conocimiento de forma bastarda, ilegítima, no el verdadero conocimiento de la realidad: esa es mi sospecha. Volveré sobre ello más extensamente.

Veamos los vídeos de la charla del psicólogo Ramón Nogueras en Escépticos en el Pub, de Barcelona:

Lo siguiente es, en versión audiobook, del conocidísimo libro de Robert Hare, Without Conscience (por lo menos mientras no quiten el enlace). Comprobarán que. obviamente, Ramón Nogueras ha tomado extensamente de este libro para su charla, lo cual es lógico, pues es por lo visto la obra de referencia:

Para acabar, variemos de tema: el siguiente vídeo me ha resultado muy, muy interesante:

Así como este segundo sobre una temática muy próxima al anterior:

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