Leía el otro día esta noticia: “Los ‘millennials’ ganan menos en comparación con lo que ganaban los ‘baby boomers'”

Así que, en EE. UU., ha pasado como en España. y como en todos los países occidentales: el capitalismo alcanzó su etapa de máximo esplendor en la época de florecimiento de esa generación que aquí llama los baby-boomers, que aquí fue con algo de retraso quizás: hablamos de la generación que, nacida en aquella época que nos dice el articulo, floreció entre los 70 y los 80.

Una generación que podía mirar al futuro con cierta seguridad, en contraste con la incertidumbre que vemos ahora, y que veía cómo las cosas iban mejorando -si bien como es lógico, el “paraíso” no se alcanzó nunca-. Eso podría explicar psicológicamente por qué esa generación fue la que protagonizó el abandono de las perspectivas revolucionarias en la clase obrera para abrazar el reformismo, por qué en general (incluyendo a la clase obrera en primerísimo lugar) es la generación que dio cuerpo al franquismo sociológico -concepto que ya he explicado en otros lugares y que en breve volveré a explicar- es decir a toda esa masa sobre la que se apoya el régimen y que tradicionalmente vota al PP y el PSOE (siendo este último el principal, más que el PP, representante político de ese franquismo sociológico) y que ahora representa fundamentalmente Podemos, más que el PSOE, pues el podemismo ha aparecido como contenedor para recoger amorosamente en el regazo del régimen a ese franquismo sociológico que veía traicionadas sus esperanzas del “qué hay de lo mío” con el PSOE a causa del desgaste político que vemos observando en la monarquía desde el año 2000 y, en especial, con la crisis económica iniciada en 2007.

Una clase obrera surgida del aplastamiento de la clase obrera tradicional por la dictadura y el surgimiento de una nueva, originada en la emigración rural y el desarrollismo franquista, y que materializaba así el rompimiento con “el hilo rojo de la historia”. Sus valores morales y políticos ya no eran los tradicionales de la clase obrera que combatió contra el fascismo y cuyo último grito heroico escuchamos en la huelga de 1962. Sino que eran la mezquindad campesina, que es la misma que la burguesa, como sabemos por la historia. Su afán era el mejoramiento individualista y el “no meterse en líos”.

El que ese fuera su marco moral (o inmoral) es lo que les ha llevado a pensar que ellos llegaron a vivir de puta madre gracias a ellos mismos, a su esfuerzo y a que eran muy listos, más que sus antecesores que eran una panda de tontos que se comportaron como salvajes, cuando lo cierto es que lo que caracteriza a esta generación es: primero, que vivió de puta madre, comparativamente hablando, y era muy consciente y orgullosa de ello; segundo, que vivió de puta madre gracias al sacrificio y la lucha de las generaciones que la antecedieron y muy en particular al miedo de la burguesía occidental, tras la Segunda Guerra Mundial, a que el comunismo pudiera triunfar; y, tercero, que su mezquindad y bajeza morales, su cobardía y su estupidez política les llevaron a no ser capaces de defender aquello que con tanta sangre y sufrimiento se había logrado por sus mayores, ni de conservarlo para las generaciones que veníamos detrás, algo que sólo se podría haber logrado manteniendo la perspectiva revolucionaria como estrategia por mucho que en la táctica tocara el reformismo y conservando los valores morales y la cultura tradicionales de la clase obrera -la conciencia de clase, y no toda esta mierda que la ha sustituido desde los 60 (hablo de la esencia, no de las formas, que siempre cambian).

El deterioro es más que evidente. Mi padre, por poner un ejemplo como el que hay millones, que vino del pueblo sin más estudios que los básicos, pero entró a trabajar como perforador de datos en una multinacional. Luego subió hasta alcanzar el rango de analista programador, ganando cuando se jubiló unos 2500 euros mensuales, en un puesto de trabajo fijo y seguro. Hoy, por ese mismo trabajo, te pagarían como mucho 1000 euros mensuales, y con contratos temporales, con lo que una buena parte del año estarías en paro, así que el sueldo mensual medio se reduciría a digamos, 700 euros mensuales máximo. No sólo el dinero, sino que la incertidumbre en el puesto te impediría hacer muchos planes ni avanzar en lo personal hacia ninguna parte, o bien podrías hacerlos en plan “kamikaze” y tener una alta posibilidad de que todo fuera para ganancia del banco y ruina propia. Además, las horas extra no te las van a pagar, no como aquella generación que se mataba a hacer horas extra para comprarse un chalé, pero eso sí: tendrás que hacerlas “a mogollón”, más que ellos. Y, todo, con la perspectiva de que en el futuro, ya vemos cómo se las van ingeniando para ir reduciendo la pensión y es posible que ni exista cuando nos toque.

Y otro aspecto a señalar: si aquella buena vida se la pudieron dar personas sin cualificación, ahora no esperes acceder a ese puesto de trabajo como no tengas al menos la FP… Veamos los bancos, otro ejemplo entre tantos y tantos, donde antes eran minoría los titulados universitarios, pero desde los años 90 en adelante hay que ser licenciado hasta para ser cajero. Esa generación, llorona y victimista y que tanto gusta colgarse medallas que no les corresponden -pues lo que le corresponde es todo lo contrario- hoy, con su cualificación y valía, pese a lo que les gusta jactarse de eso, de lo mucho que valen y lo mucho que se han esforzado -según ellos- solo podría trabajar en los puestos no cualificados en competencia con los inmigrantes, si es que encontraban trabajo, y en unas condiciones que ni remotamente les hubieran permitido llevar el nivel de vida que han tenido, sino más bien en la miseria: pese a ello, nos miran con desprecio, como a “fracasados” porque “no hemos conseguido lo que ellos consiguieron”. Cuando lo que ellos hicieron no fue conseguir todo aquello -eso fue gracias a sus mayores- sino que lo perdieron y no fueron capaces de conservarlo para los que veníamos detrás, por cobardía, por mezquindad y por estupidez.

Es paradójico: si las mejoras se lograron, ante todo, gracias al miedo del capital a la revolución comunista ¿cómo es posible que esa horda furibundamente anticomunista, educada por el franquismo en el anticomunismo visceral, y cuyo fanatismo anticomunista vimos ayer en el PSOE y hoy en Podemos, puede pretender colgarse las medallas de las mejoras? Para empezar, porque, en su mezquindad, son incapaces de ver más allá de sus narices, no pudiendo ver así las verdaderas causas que son sociales, y caen fácilmente en la falacia de atribución.

Todo esto venía porque se dice habitualmente que el mejoramiento del nivel de vida lleva a que se frene la natalidad etc. Sin embargo, lo que aquí tuvimos, fue que el “baby boom” ocurrió con esa generación que tuvo todas esas ventajas, y la natalidad ha caído conforme las condiciones de vida han empeorado. Así que parece que la evidencia empírica es, en esto, contrario a lo que todo el mundo da por supuesto como cierto y siempre se dice.

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